¿A dónde vas?...


Expulsado de la comunidad de hoy por sus doctrinas tan retrógradas -no al divorcio, no a la píldora, no al sexo fuera del matrimonio, no al amor libre, no al aborto, no a la violencia, no a tantas cosas que hoy apetece el mundo capitalista y el mundo marxista- y por su fidelidad al Evangelio, el discípulo de Cristo encuentra en esto la mayor tentación y amanece en él la terrible duda ¿estaré yo en la verdad? ¿Estaré en Cristo? ¿Estaré en Dios? Aquí está el campo de acción del Espíritu Santo.


La hostilidad del mundo hace que Dios nos dé este Defensor que es el Espíritu Santo. Si a Mí me han perseguido, a vosotros os perseguirán”. Y “habrá muchos que se escandalizarán” (Mt 24, 10)


¿Cómo afrontar esta realidad?...

El mundo también nos odia hoy a nosotros, los que hoy queremos ser fieles a Jesús: “Seréis odiados por todos a causa mía” (Mt 10, 22). Por eso nos es imprescindible el Espíritu Santo que dé testimonio en nosotros a favor de Jesús, convenciéndonos de cómo en Jesús está toda la verdad a pesar de que sean más en número y poder los que están en contra de Jesús.


Nuestra misión no es destruir los valores del mundo sino construir sobre ellos. La actitud del cristiano es siempre positiva, no negativa; de continuación, no de ruptura; de realización, no de abrogación. “No he venido a destruir sino a dar plenitud” (Mt. 5, 17). Esa es tu misión: enseñar, demostrar a la civilización actual que el Evangelio es el único que la puede llevar a su perfección.



¿Qué hacer?...

El destino de nuestra vida no es clandestinidad, es testimonio, es irradiar: que todo el que nos vea, vea a Dios y se sienta atraído hacia Dios. Tenemos una función social:que brille vuestra luz a los ojos de todos los hombres”. Si no somos sal, si no somos luz, apuñalamos el Evangelio. El que nos vea dirá: ¿ese es cristiano?, yo no quiero ser lo que él.


¿Quién es nuestro garante?...

Jesús nos trae la enseñanza del Padre. El Espíritu Santo es el encargado de interiorizarla y robustecerla en cada discípulo para que la viva y la defienda. El Espíritu de la Verdad es el que hará comprender al discípulo que el mundo es el que está en el error a causa y en su incredulidad y hostilidad a Cristo, en su rechazo a la luz. El Espíritu Santo le dará ojo certero en su juicio del mundo y la fuerza para no dejarse seducir por sus falacias.


¿Cómo actúa?...

En las horas de duda, de escándalo, de desaliento y de desánimo, el único que me puede ayudar es el Espíritu Santo porque puede hablar a lo más íntimo de la conciencia.


El Espíritu Santo da testimonio de Jesús abriendo los ojos al cristiano para que conozca que la verdad no está en los que siguen al demonio, sino en Jesús y los que le siguen. Conoce que los valores preconizados en el Evangelio son duros y opuestos a los valores que se cotizan en el mundo, pero los acepta y los vive.

El Espíritu Santo es el gran Defensor nuestro para que no seamos ganados por el espíritu del mundo, dándonos reductores que nos permiten inmunizarnos de las verdades a medias. Nos aclara los acontecimientos históricos y nos da su correcta interpretación para que no nos separen de Jesús.



¿Cuál es nuestra misión?...

“Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo… Brille vuestra luz a los ojos de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 13) El cristiano es la sal y la luz del mundo. El mundo debe ser salado, inflamado, iluminado.


Bajo esta visión de las cosas, hoy más que nunca hemos de cuestionar todo lo que propone el mundo actual y preguntarnos: Quo vadis?... ¿adónde vamos? ¿adónde nos quieren llevar? ¿cuál debe ser nuestra postura?


Quo Vadis es un grupo de laicos católicos que coherentes con su compromiso evangélico, se esfuerzan por desarrollar una objetiva y sana Cultura de la Información.

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