¿QUÉ ES UN SÍNODO?... I Parte

Estimados lectores, ante tal avalancha de información sobre el sínodo y el fenómeno de la llamada "sinodalidad", queremos ofrecerles una serie de publicaciones para aclarar y advertir qué es realmente, un sínodo, qué significa este proceso y qué debemos saber y hacer como católicos.
¿Qué es el proceso sinodal de la Iglesia?

Es la convocatoria que realizó el Papa Francisco para que, por medio de la oración, la escucha y el discernimiento, se reflexione en el camino que Jesús ha establecido para su Iglesia y cómo se está viviendo hoy por los cristianos del Tercer Milenio.


Como explicaba el Papa: “Hacer sínodo significa caminar juntos en la misma dirección. Miremos a Jesús, que en primer lugar encontró en el camino al hombre rico, después escuchó sus preguntas y finalmente lo ayudó a discernir qué tenía que hacer para heredar la vida eterna”. Desde el principio, se ha definido a la Iglesia como peregrina en este mundo, caminando hacia su verdadera patria en el Cielo.


El pasaje del joven rico ilumina la meta de la Iglesia y la meta del camino sinodal: el joven rico pregunta a Jesús: “«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?». Jesús le contesta: Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos» (Mt 19,16-17).


En la respuesta al joven rico, Jesús recuerda que en la tierra estamos como peregrinos, nuestra meta es la vida eterna en el Cielo. Jesús, que es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6), le muestra al joven rico el camino a recorrer para alcanzar la vida eterna: el cumplimiento de los mandamientos.


¿Qué se pretende con un Sínodo?

Los Sínodos son reuniones o asambleas en las que se reúnen sacerdotes u obispos para tratar asuntos necesarios o útiles relacionados con la vida de la Iglesia.


A lo largo de los siglos, se han celebrado en la Iglesia diversos Sínodos: Concilios Ecuménicos, Sínodos de los Obispos o Sínodos diocesanos.


- El Concilio Ecuménico es una Asamblea o Sínodo general que incluye a los Obispos del mundo, presididos por el Papa. A lo largo de la historia, se celebraron veinte Concilios Ecuménicos en los que se definieron verdades dogmáticas y medidas disciplinarias para la Iglesia Universal.


- El Sínodo de los Obispos es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, presidida por el Papa, que se reúnen en ocasiones determinadas para ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo. En estas reuniones los obispos manifiestan su parecer, pero no tienen el poder de dirimir esas cuestiones ni dar decretos acerca de ellas, poder que recae sólo en el Papa.


- El sínodo diocesano es una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una Iglesia particular, presidida por el Obispo, que prestan su ayuda al Obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad diocesana, y se discuten asuntos o problemas relacionados con el bienestar de la Iglesia diocesana.


- El Papa Francisco ha querido extender y abrir el proceso sinodal a la participación de los fieles, para que éstos puedan aportar su parecer en este proceso. En su propuesta, el Papa ofrece tres palabras clave que explican el sentido de la convocatoria: comunión, participación y misión.


El Papa Francisco precisó que el Sínodo no es un Parlamento, que el Sínodo no es un sondeo sobre opiniones, el Sínodo es un momento eclesial, y el protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo.


¿Qué se debe buscar en el Sínodo de la Sinodalidad?

Se debe procurar vitalizar la vida espiritual de todos los miembros de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, tanto fieles como pastores, la salvación de los hombres y la reforma de aquellos aspectos de la Iglesia tanto doctrinales, morales o litúrgicos que se aparten de lo que Cristo estableció para su Iglesia.


Cuando el Papa Pablo VI se dirigió a los Padres Conciliares del Concilio Vaticano II les expresó una de las necesidades que deberían tratar en aquella Asamblea: «Deseamos que la Iglesia sea reflejo de Cristo. Si alguna sombra o defecto al compararla con Él apareciese en el rostro de la Iglesia o sobre su veste nupcial ¿qué debería hacer ella como por instinto, con todo valor? Está claro: reformarse, corregirse y esforzarse por devolverse a sí misma la conformidad con su divino modelo, que constituye su deber fundamental» (Discurso a los Padres conciliares 29-IX-1963).


El Proceso Sinodal, debe, por tanto, lograr que la Iglesia de Cristo se presente “sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada” (Ef 5,27). Para ello, guiados con la luz del Espíritu Santo, debemos estar a la escucha de su voz, como dice el libro del Apocalipsis: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios” (Ap 2,7). El Espíritu Santo señala a las Iglesias de Asia Menor aquellos aspectos de su vida cristiana que se apartan de su fidelidad al Señor.


En el proceso sinodal, la primera escucha ha de darse al Espíritu Santo, a lo que Dios quiere para su Iglesia, y luego la escucha entre los miembros del Pueblo de Dios que reflexionan juntos para discernir la fidelidad de nuestro llamado como cristianos a ser miembros vivos del Cuerpo Místico de Cristo, que es su Iglesia.


Continuará...
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